La P de Poder

El Poder, o Potencia Personal, es un sustantivo que además se conjuga: yo puedo, tu puedes, él puede, nosotros podemos, vosotros podéis, ellos pueden.

Sin embargo no nos resulta nada difícil escucharnos diciendo que no podemos hacer algo cuando probablemente más acertado y beneficioso para nosotros sería reconocer: no quiero, no me atrevo, no me apetece, no me da la gana, o no sé cómo.

Cuando éramos niños, generalmente escuchamos en demasiadas ocasiones aquello de, “no hijo no puedes hacer tal o cual cosa”, cuando en realidad para nosotros era obvio que si podíamos, pero que no nos dejaban hacerlo.

Poco a poco nos íbamos acostumbrando a la cantinela, e incluso le preguntábamos a nuestros padres, “papá, mamá, ¿puedo?” cuando para nosotros era obvio que sí, pero seguíamos el patrón que nuestros padres nos iban inculcando día a día.

Al final, a base de tanto repetir, como ocurre con tantas cosas en nuestra fase de aprendizaje, nos terminamos acostumbrando, o lo que es peor creyendo, y a partir de aquella época empezamos a decirle a los demás que “no podíamos hacer algo”, cuando hubiera sido mucho más acertado decir, “de pequeño no me dejaban hacerlo aunque yo sabía que podía, y al final me he terminando creyendo que no puedo”.

Esto es algo que se sigue produciendo en las organizaciones, y que cuando alguien desafía mediante el correspondiente “sí, sí que puedo, pero no debo, o no me dejan”, la respuesta suele convertirse en amenaza: “bueno, si puedes, si no te importa que te echen / te echemos”.

Por desgracia, al no ser capaces de crear entornos protegidos en los que probar y poner en marcha ideas nuevas, tampoco desplegamos los permisos necesarios para ello, o como jefes no los damos, y finalmente, nos desempoderamos, o nos desempoderan, con lo que nuestras ideas se pudren en el interior de nuestras mentes.

Os animo a volver a conjugar vuestro poder; eso sí, como dice muy buen amigo Juan Manuel Opi, no conjuguéis el poder con J.

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